miércoles, 13 de abril de 2011

Otoño.


Quizás un viejo defecto mio sea que trato de escribir cosas demasiado son complejas para lo poco que he vivido. Mis años siempre han estado reglados, y a cada etapa de mi año siempre ha correspondido la misma estación. Más allá de lo que la vida me este dando en un momento determinado hay momentos que prefiero per se. Y creanme si les digo que el otoño no es uno de ellos.

En mis años de vida el otoño siempre ha sido una estación  de lucha, una estación cuesta arriba. No la más complicada del año pero si la más relacionada con la melancolia. Las vacaciones y el verano que se van, el invierno y las clases que llegan. El otoño del hemisferio austral comienza en marzo, el mismo marzo en el que cumplo años, el mismo marzo en el que siempre arrancan las clases, el mismo marzo que se lleva el verano y no deja al triste otoño preludio del invierno. Y a pesar de que la gente me rodea creo que es cuando comienzo a sentirme más solo.

Los primeros frios vespertinos son recibidos con una sensación de perdida, extrañando el calor y las largas tardes de verano. Y para peor, pasado el equinoccio otoñal los días se acortan ostensiblemente.  No es raro que se piense como un momento en que las tinieblas comienzan a vencer a la luz pues es una perdida sensible. Yo arranque saliendo de mi casa en una fresca mañana de verano, a un mes de eso salgo en la hora fría que precede al alba  y que dará lugar a un día de clima impredecible. Yo no creo en la astrología pero aun siento una punzada de misterio cuando hablo del equinoccio y de todas las ideas conque la humanidad lo ha relacionado.  Esas historias me recuerdan las viejas culturas como los celtas de las cuales escuchaba en otros tiempos menos turbulentos en la escuela, y me encantan.

Y relacionado al misterio llega a mi mente la idea del viento, ahora comienzan los vientos del sudeste. No esas agradables brisas de verano las cuales disfruto en mis camintas y que parecen remontarme hacia los cielos, sino las frias ventiscas que preceden a las lluvias. Esas que derriban las tristes hojas de los árboles caducas las mismas que en las escuelas se usan para hacer manualidades. Esas lluvias que te despiertan aun nuevo dia o que coronan una tarde fresca y soleada. Y el color, el color se pierde, todo se vuelve amarillo y marrón las flores se van, las aves cantan menos ¿o es uno que pasa menos tiempo afuera para escucharlas? El ambiente cambia, se siente, se huele. Comienza a percibirse el olor a leña en las tardes frias, las cuales bien pueden ser precedidas por una hermosa y desubicada tarde de verano. 

Pero lo que más me llama la atención es el "cambio de aire" que siento. Me parece que la gente anda más ocupada aunque dispone del mismo tiempo, que las noticias parecen más tristes aunque lo malo no se toma vacaciones y la que gente sale menos aunque el clima no es un obstáculo. A lo mejor soy yo, a lo mejor solo me parece a mi pero siento que el cambio más grande está en la subjetividad. Ya no estamos llegando al final de un año de duro trabajo, ya no estamos disfrutando el verano como recompensa del mismo. Es el momento de ganarse el año, de tirar para adelante y no coincide con el periodo que más animos tengo pero igual hay que luchar.

Siento que mi mente está llena de obligaciones, obligaciones que el correr del año iré tachando de una lista bastante larga cuyo final es el monstruo del nivel, el examen que aun lejano se ve como inexorable destino. Yo espero que algún día esto cambie para mi, que el año correrá a la inversa o al menos que no sea dividido en estadios tan definidos: salir de esta rutina. Poder tener momentos de dicha todo el año y que la felicidad sera la variable independiente, con altibajos como todo pero presente en cualquier época y no un recuerdo de una tarde de verano.  No es tristeza lo que me genera; es inestabilidad, adaptación y nostalgia de lo que fue sumada a añoranza de lo que será. 

Por el momento pienso no denostar una estación por un simple sentimiento que me genera que lo más seguro es que esté influido por mi subjetividad y por todo lo que me generan la facultad y las obligaciones. Si escribí esto fue para mostrar como me hace sentir el otoño no como es. Ser y estar no son lo mismo en el idioma español, se que el otoño no es por si mismo triste sino que lo estoy viviendo de esa forma.  Algún día cambiará o sino me cambiaré yo,  quiero aprender a disfrutar del otoño.