viernes, 22 de julio de 2011

Réquiem para una tarde de viernes. (desprolija reflexión pensada para otro blog)



Miro por mi ventana y veo varias cosas. Veo una tarde fria de invierno, y veo al viento,  al que también escucho, mover las hojas de los árboles de una plaza. El gris del cielo parece imbadir el ambiente y la percepción, volviéndola confusa. Es capaz de mezclar los canales por donde esta llega: yo se que el frio se ve en el destello tímido de sol vespertino, asi como se siente en la piel que no cubre el abrigo, que se escucha en el ambiente de una tarde y se huele en el aroma a invierno.

Veo una tarde de viernes,  una tarde que creo que reconocería como tal incluso si no supiera a que dia pertenece, si me hubiera despertado tras un sueño largo de varias semanas. Es una tarde con características propias. Tal vez, probablemente, sea la estructura de mi pensamiento, la linealidad temporal, la que le da esa característica, pero la reconozco y la intento disfrutar como un momento personal.


Hay veces que siento ganas de abrigarme y salir sin más a caminar. Sin rumbo tomar el camino, el camino que sigue y sigue, ese al que le cantaba Bilbo. Otras veces tengo ganas de quedarse, de tomar un libro, una película o una canción y viajar en otro plano. La mayoria de las veces (eufemismo de "siempre" en este caso) opto por la segunda.

Y si, en un clima de reflexión asi se activa mi nostalgia, recuerdo los viernes de mi infancia. Cuando volvía de la escuela por la tarde y, si la maestra era benevolente y no habia mandado tarea, comenzaba el fin de semana. Para mi el máximo exponente del mismo era, y es, la pluripotencialidad del viernes por la tarde. Es el marco de los recuerdos más cercanos a la felicidad que tengo, cuando la vida era de más armonia, soy un tipo tranquilo.

No tengo la costumbre de salir con amigos, entonces cuando llega la noche vivo un momento de disfrute, de esos tras los cuales uno se pregunta porqué no vive más a menudo. Es simple: es sentarse al lado de la estufa a leña y pensar. Vivir en mi mente, leer o sin más viajar. Debo haber vivido miles de aventuras en barcos, haber cruzado tierras infectas de orcos vestido como uno de ellos. Sentir la oscuridad de Poe, la emoción de Dickens, la aventura de Verne, y las leyendas del Rey Arturo, Robin Hood y Frodo Nuevededos y El Anillo del destino son vivencias de fin de semana.

¿Música? Quizás... me vendría bien un blues, o algo viejo. Algo traido de las raices de la memoria del hombre, me gusta la clásica o la celta también, suelo tener mis gustos particulares en estas tardes. La mayoría de las veces no escucho pues se me dificulta: me da lástima no poder callar los ruidos de mi casa, la tele a todo volumen y sus frivolos programas que otros dias suelo mirar pero que hoy molestan. Es como si se sumaran al griterio que intento callar.

No le deberia permitir a la facultad ni a ninguna actividad humana robarme tal rato de relax, es lo que le da sentido a mi vida (entre otras cosas). Pero bueno, son cosas del madurar. Escribo acá para plasmar las sensaciones y asi reflexionar. Y también escribo porque no puedo estudiar más, las mentes se saturan.

Mañana de mañana tengo parcial, deberia estar quemandome las pestañas pero no puedo ¡Qué raros son estos viernes para mi!  Son dias frios que huelen a nostalgia y a melancolia. ¡Cómo quisiera disfrutarlos como lo hacia de más pequeño! En un dia como hoy se que hay algo no cierra. Veo a la gente caminar por las calles... Y es alli donde percibo que algo no encaja.

La gente está en clave de viernes, pero yo no. Los veo volver a sus casas cansados pero alegres, con la energia de quien hará algo que le gusta. Se juntaran con amigos o optarán por mis métodos, quien lo sabe. No interesa. Me harta saber que es un momento que me gusta mucho y no aprender a disfrutarlo.

Me pregunto por mi futuro. Cuando mi status quo desaparezca, por ejemplo dentro de veinte años ¿seguiré viviendo asi? ¿Seré más feliz? O seguiré en una versión adaptada de mi vida actual, no me quejaria si asi fuera. Pero escribo el réquiem porque siento que estos momentos se me van. No me se encontrar los tiempos, el barullo de la vida y el de mi mente me lo impiden. Mientras tanto, mientras algo me saque de ellos pero no se hallan ido del todo, yo ya comienzo a extrañar mis viernes de tarde.